23 de agosto de 2012

REPETIR O NO REPETIR, DE ESO SE TRATA


Hay persona a quienes se les debería prohibir su ingreso a los talleres de creación literaria, así el mundo de los aspirantes a escritores sería mucho mejor.
Una vez, en un taller de literatura infantil y juvenil en donde estuve, había una alumna. Desde el primer día tenía todo para caer mal. Llegó en actitud de intelectual y nos dijo (eso jamás lo olvidaré en toda mi vida) que se había inscrito a ese taller porque tenía el proyecto de escribir una novela negra, una novela erótica y una novela infantil, y por eso quería aprender a escribir para niños. Bueno, cada quien tiene sus objetivos, pensé.
Recuerdo el día cuando llevé un texto para que lo revisaran los demás. A cada uno le di su respectiva copia y esperé a que me marcaran mis errores. Cuando aquella chica me regresó mi texto (haciendo un gesto como de haber leído algo muy malo) sólo me había subrayado todas las veces que repetí el nombre de mi protagonista.
Sé que una de las reglas de la escritura es evitar las repeticiones. Al no repetir tanto los nombres, adjetivos, verbos y demás, nos hace pensar en otras opciones y esto mejora nuestros trabajos. Sin embargo, a pesar de que conocía esta regla, sentí que no podía dejar de repetir el nombre porque se prestaría a confusiones, en verdad no me quedó de otra, mi texto me pidió que lo hiciera.
Cuando a la maestra le tocó el turno de dar su opinión sobre mi texto, jamás mencionó nada de las repeticiones del nombre del protagonista. Repito (¡ja!, ahora sí que repito), jamás señaló la repetición del nombre como algo malo.
De nuevo (para no repetir la palabra repito), sé que tenemos la obligación de obedecer la regla de evitar repeticiones. Pero también recuerdo una lección que leí en un estupendo libro llamado Curso de redacción para escritores y periodistas, de Beatriz Escalante. Dicha lección se llama “El elogio de la repetición”, donde dice que no todas la repeticiones son viciosas o por falta de vocabulario, y que algunas palabras repetidas terminan convirtiéndose en un término de enlace o contribuyen al movimiento rítmico de la narración.
Además, en cuanto a la repetición de los nombre de los personajes, en esa misma lección la autora dice lo siguiente: “Con respecto a los nombres de los personajes de un cuento o una novela, más vale escribir los nombres varias veces para evitar ambigüedades (de quién se habla, a quién se están refiriendo) que castigar al lector con perífrasis innecesarias y absurdas que no tienen más efecto que distraerlo y expulsarlo de la lectura”.
La verdad, la opinión de la chica del taller no me afectó porque ya conocía esa lección del libro de Beatriz Escalante. Aunque no me fue igual con otra de las alumnas, de la cual hablaré en la próxima columna. (A ella también deberían prohibirle el ingreso a los talleres de escritura, digo, por favor.)
Ah, se me olvidaba. Aquella chica intelectual nunca llevó ningún texto para tallerearlo en clase. En la última sesión, donde presentar un texto era ya obligatorio, ella ni se apareció. Hasta la fecha, me pregunto cómo diablos le va a hacer para escribir su novela negra, su novela erótica y su novela infantil si ni siquiera un relato pequeñito pudo llevar.

Mario Ramírez Monroy

3 comentarios:

  1. ¿Por qué tanto odio y competencia?¿No es suficiente con crear por el simple hecho de hacer lo que a uno le interesa?¿desear que alguien tenga prohibición de entrada?

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  2. ¿Por qué tanto odio y competencia?¿No es suficiente con crear por el simple hecho de hacer lo que a uno le interesa?¿desear que alguien tenga prohibición de entrada?

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  3. no me ha gustado nada tu manera de explicarte además de tu moral

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